Vilamartín: donde el uso de lavadero público todavía pervive

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Valencia do Sil se lleva la palma en número de lavaderos y el Concello dotó de nuevo tejado al de Cernego

“Sin lavadero público no hay pueblo”. Esta es la frase que parece brotar de todas y cada una de las localidades que conforman la geografía del medio rural.

Esta pieza etnográfica es inherente a muchas localidades. Llegó a marcar el ritmo de las relaciones sociales en el pasado: concentraba a personas para lavar la ropa y, al mismo tiempo, para charlar.

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La evolución de los tiempos acabó con su uso, salvo excepciones. Es el caso de Vilamartín. Es uno de los rincones de la geografía de Valdeorras donde pervive su uso.

En el pasado, los lavaderos eran un punto de encuentro, tertulia y mucha cháchara. Se acudía a lavar la ropa al tiempo que se ponían al día de todo lo que acontecía en el pueblo.

Ahora, los lavaderos son una de las referencias del patrimonio artístico popular y etnográfico. Vilamartín es un municipio que cuenta con una amplia representación de este tipo de arquitectura tradicional.

Vilamartín cuenta con dos lavaderos en el casco urbano que, al igual que en otros lugares, también son son empleados como fuente. Valencia do Sil se lleva la palma con nada menos que cinco, hay dos en San Vicente y uno en Cernego.

El alcalde, Enrique Álvarez Barreiro, certifica la utilidad, principalmente en el núcleo urbano de Vilamartín. “Tal vez el que más uso tiene, el conocido como Fonte dos Cregos”, indica.

El Concello que preside apuesta por la recuperación de este elemento propio y todos cuantos conforman la arquitectura popular para la revitalización y puesta en valor del patrimonio loca y el medio rural.

No en vano, el Concello de Vilamartín recientemente acometió una mejora en el lavadero de Cernego, que salta a la vista, con la dotación de nuevo tejado de pizarra.

“Estaba en unas condiciones pésimas”, explica el regidor, de ahí la mejora. “Se reconstruyó con madera y pizarra rústica”, explica el alcalde.

Elvira Losada Moral es una de las personas que utiliza los lavaderos de Vilamartín. Lo hace de forma ocasional para aquellas prendas que se resisten a la lavadora como fundas de trabajo del campo o alguna colcha. Y como ella, otras personas de la localidad.

“Realizo el prelavado de la ropa del campo, con manchas difíciles. Es una tradición pero, sobre todo, muy práctico. La ropa queda espectacular”, cuenta con estusiasmo.

Los lavaderos públicos son todo un sello de identidad de cada pueblo.

Los lavaderos antiguos forman parte ya de nuestro paisaje. A Rúa, O Barco, Carballeda, A Veiga, O Bolo, Larouco, Petín…todos tienen sus referencias.

Sin lavadero, no hay pueblo.

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