José Antonio Vedo: “el oficio de enterrador es respetado y valorado”

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José Antonio Vedo Calvo, de Veigamuiños (O Barco de Valdeorras), es enterrador desde hace 23 años. Afirma que este oficio, muy temido en el pasado, por el contacto con muertos y cementerios,  se ha ido normalizado, además de ser muy respetado. Eso sí, “hay que valer para ejercelo”, dice, en alusión al reparo y, en algunos casos, miedo que continúa despertando en el conjunto de la población porque, lógicamente, no es agradable.

Albañil de profesión, José Antonio Vedo, ejerce de enterrador para la Funeraria Santa Rita ya que O Barco no cuenta con enterradores municipales.

¿El oficio de enterrador sigue provocando miedo?

Es un oficio normal, como otro cualquiera. Puede que a algunas personas le siga dando algo de reparo, pero ya está muy normalizado. El enterrador actual no es como el de hace 50 años. Simplemente es un albañil que hace esos servicios. A mí no produce ningún miedo.

José Antonio Vedo, dentro de una tumba, antes de descender por la misma

Porque los muertos no hablan…

No, no, desde luego que no. Llevo como enterrador desde 1995 y, lamentablemente, ningún muerto, nunca, me dijo nada.

¿Cuál es la evolución de este oficio?

El trabajo principal es el mismo, siempre hay que hacerlo a mano.  Eso sí, evolucionó en el sentido de que cada vez salen mejores materiales para desarrollarlo con mayor prontitud o herramientas complementarias, para ejecutarlo,  que lo facilitan y que lo hacen más liviano.

¿Le gusta ser enterrador?

No voy a decir que me encanta, pero si no me gustase no lo haría. A mí me gusta lo que hago. Alguien lo tiene que hacer.

¿Qué es para usted lo más dificíl de este oficio?

Cuando hay que hacer una exhumación, o mover restos para meter otro difunto en una tumba, siempre te encuentras algo que no te gusta. Uno se va acostumbrando. El ser humano se adapta a todo. Pero sí, hay que valer para ello. No es agradable, pero esto forma parte del oficio. Pero lo más difícil es estar a pie firme frente a la gente, toda ella mirándome, mientras se le da sepultura al difunto y, podría dar la impresión, de que como enterradores no tenemos corazón, o somos desalmados, pero no es así.  Es, simplemente, el trabajo que tenemos que hacer y eso no significa que no tengamos sentimientos. Para mí merece todo el respeto del mundo tanto el difunto como sus familiares.

¿Nunca ha sentido ese temor que, de algún modo, infunden las tumbas?

No. Miedo no me da. Se que en algunas personas los cementerios siguen siendo algo tabú, o que produce temor, pero no es mi caso. Ya sé que no va a pasar nada porque, por desgracia, los difuntos son inofensivos.

Bajar a una tumba, escalera mediante, no es fácil…

No. Algunas tumbas tienen 3 metros de profundidad. Es un poco complicado.

El de enterrador, ¿es un oficio reconocido?

Sí, yo pienso que sí. La gente es muy respetuosa y que lo valora.

¿Qué le parece la parte nueva del cementerio  de O Barco?

Me parece una gran obra, que se hizo muy bien. Y en cuanto al cementerio tengo que decir que la persona del Ayuntamiento de O Barco encargada del camposanto, el concejal de ahora,  y también el que hubo anteriormente,  se molesta en hacer las cosas bien y facilita el trabajo a los enterradores. Nunca pone trabas. Funciona muy bien y eso ayuda a esta tarea.