Elisa González, presidenta de la asociación de vecinos: «Lo que más hace falta es ayuda psicológica para las personas que viven en la localidad»
San Vicente de Leira es el pueblo de Vilamartín más castigado por los incendios. Aquí, la herida abierta por el fuego «sangra», en medio de un paisaje apocalíptico donde reina el silencio de la devastación y en el que aún humean vigas de madera de las más de cien edificaciones, además de las tierras y animales que se llevó.
Una docena de vecinas y vecinos tomaron la firme decisión de permanecer en su hogar. Lucharán para que San Vicente vuelva a la vida. Les llaman los «guardianes del pueblo», por su labor de vigilancia para que el fuego no regrese y por su ardua tarea para ayudar a recomponer la localidad. No queda casi nada.
Elisa Sánchez González, presidenta de la Asociación de Vecinos de San Vicente, pone por delante que ella, como una parte del pueblo, vive en O Barco, pero acudía todos los fines de semana a la casa familiar para atender su huerta, disfrutar del entorno y participar en las celebraciones y tradiciones del lugar. Su vivienda, situada en el barrio de la Aldea, también fue engullida por el fuego, además de sus tierras.
Su madre, que reside en el geriátrico de Valdegodos, visitó el pueblo hace tan solo 15 días. «Hacía tiempo que no la traíamos a San Vicente. Es como si fuese una premonición. Ella no sabe nada de lo que ha ocurrido, pero fue la última vez que vio en pie la casa, que la reformaron mis padres con tanto cariño hace unos 15 años. Si sabe que ardió todo, se muere», relata Elisa González.
Su historia es una parte más del drama de San Vicente, que presenta un retablo desolador, con pérdidas incalculables. Porque más allá de lo material, está el corazón de cada vecino, roto en mil pedazos. «Lo que más se necesita para la gente de San Vicente es una ayuda psicológica porque todo esto va traer secuelas que hacen mella en la salud», dice con preocupación la presidenta de la asociación vecinal.
Y es que son solo mirar a su alrededor, «los vecinos están sufriendo mucho. Eso psicológicamente destroza el ánimo. No es lo mismo los que vamos unas horas allí que los que viven permanentemente», expresa.
El día a día en San Vicente es duro. Cuenta con la luz de un generador, pero no hay agua, ni se dan las condiciones apropiadas, ahora, para una vida óptima. Eso sí, los vecinos no están solos. Familiares, Protección Civil y el Concello de Vilamartín suministran todo tipo de enseres.
San Vicente señala que sobrevivirá a la tragedia: «Lucharemos entre todos por el pueblo para reconstruirlo», concluye Elisa.
El incendio
El que ha sido el pueblo más popular por la reivindicación durante más de 30 años de su carretera pudo desalojarse «gracias a la pista que abrió Enrique Álvarez, el alcalde, porque si no no habría salido, eso sería una ratonera», dicen los vecinos de San Vicente, recordando la fatídica fecha del 16 de agosto en el que fuego entró por todas partes arrasando a su paso.
Lo más importante, valoran en conjunto, es que no hubo daños en las personas. Estos días, además de estar pendientes de las ayudas oficiales, de los seguros, también tramitan documentos personales como el DNI, que fueron pasto de las llamas.
San Vicente de Leira tardará en recuperarse, pero hará todo para sobrevivir. «¡Sobreviviremos!», expresan.
(San Vicente, antes de los incendios en las imágenes, durante la celebración de sus tradiciones)



















