Enrique Álvarez: confinamiento de guardia al servicio de Vilamartín

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Enrique Álvarez Barreiro, alcalde de Vilamartín

El alcalde aconseja a las personas del municipio que viven en otras villas que no se desplacen a los pueblos y afirma que las medidas de aislamiento deberían ser distintas en el medio rural

El alcalde de Vilamartín, Enrique Álvarez Barreiro, conjuga el confinamiento en su domicilio con su actividad diaria al frente del Concello y de Protección Civil . Está de guardia de forma permanente, pendiente de las necesidades de los vecinos y vecinas.

En su municipio, confirma, hay tres casos de coronavirus, en el casco urbano de Vilamartín. Los pueblos están, por el momento, a salvo del “enemigo invisible” si bien quiere rogar y hacer una advertencia a grupos de personas con raíces en el municipio que viven en O Barco, u otras villas, y que se desplazan hasta los pueblos con la excusa, no permitida por el estado de alarma, de visitar a familiares o bien plantar las huertas. “No es el momento”, dice con contundencia.

Álvarez Barreiro emplea sus horas de confinamiento para estar al servicio de Vilamartín. En su casa, donde también permanece cumpliendo así a rajatabla el decreto del estado de alarma, destina su tiempo primero a su familia. También hace algún hueco o rato al arte. No en vano, es bien conocida su faceta artística y profesional ligada al mundo de la piedra, la cantería y la escultura. Aún cuando, esta vez, hace sus “pinitos” con madera.

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El alcalde de Vilamartín nos cuenta su experiencia en este estado sin precedentes en el Planeta debido al COVID-19.

¿Cuál es su día a día durante el confinamiento?

Además de acudir cada día al Concello, hasta las 3 de la tarde, estoy de guardia permanente en Protección Civil. Si nos llama cualquier vecino o vecina porque tiene cualquier necesidad, me desplazo a resolverla ya sea llevarle medicamentos, comida u otra.

Vilamartín cuenta con un buen número de pueblos, ¿está el medio rural bien informado de la pandemia, se está respetando el confinamiento?

Todo el mundo está informado, sí. Lo que ocurre es que en el medio rural no se palpa la pandemia como en una villa grande o en una ciudad. Aquí, es distinto. En Vilamartín tenemos tres casos de coronavirus, están en el casco urbano. Pero detecto que el coronavirus no se percibe como algo tan grave. Al principio, los vecinos sí se lo tomaron muy en serio, pero ahora la gente se está relajando un poco. Yo me harto de decirles que esto no es para estar tranquilos, que hay que estar en casa. Pero también es verdad que un pueblo no es igual que en una ciudad, donde hay gente de forma continua. En los pueblos hay poca población y mucho espacio para el distanciamiento social. Sí noté estos días que están más relajados, que hay más gente más suelta, que salen con perros a dar una vuelta por todo el pueblo para hacer exactamente lo que hacían antes, pero también es cierto que el confinamiento tendría que tener sus peculiaridades en los pueblos.

¿El confinamiento debería ser diferente, por tanto, en el medio rural?

Creo que sí. Habría que diferenciar un pueblo de una villa y una villa de una ciudad. No es igual estar a cuatro metros y ver a una persona a 10 metros, que meterse en el metro. Si hay un confinamiento largo en el tiempo, deberían empezar a pensar en el medio rural de otra forma. Estoy de acuerdo con el alcalde de A Veiga, Juan Anta, que no es lo mismo una villa que un pueblo. Las medidas tendrían que ser otras. En un pueblo de 10 vecinos, que tienen todo el espacio para ellos, sí deberían poder salir manteniendo el distanciamiento social, por lo menos si el confinamiento largo.

Detecta ahora algún movimiento no deseado en los pueblos…

Los vecinos y vecinas de los pueblos de Vilamartín ahora tienen más miedo por la gente que los visita. Tengo protestas o denuncias de vecinos porque hay personas de algún pueblo que en la actualidad viven en O Barco u otras villas y que con la disculpa de que van a poner unas lechugas, o pasar un rato con familiares, se acercan. Eso no se puede hacer. Hay gente de los pueblos preocupada y llamándoles la atención. En los pueblos viven personas mayores, las más vulnerables frente al coronavirus. Está habiendo algún problema en este sentido. Nosotros si los vemos los advertimos. Ahora mismo, hay que recordarles a los que viven fuera que no pueden subir ni a San Vicente, Cernego, Correxais o cualquier pueblo del municipio a plantar huertas. No es el momento.

¿Cómo vive su confinamiento?

Por la mañana, hasta las 3 de la tarde, estoy en el Concello de Vilamartín. Ya por la tarde, la mayor parte del tiempo estoy en casa confinado con mi familia. Si tengo que salir para prestar algún servicio de Protección Civil, salgo. Estoy alerta y con el teléfono abierto permanentemente. Eso sí, personalmente tengo suerte de que vivo en el campo y en una casa con una finca grande. De este modo, puedo pasear por la finca y no noto tanto el costreñimiento del confinamiento. Es la ventaja de vivir en el rural.

Supongo que como escultor y artista, que lo es mucho antes de ser alcalde, su pasatiempo será el arte.

Lo que hago más en mi tiempo libre es estar con mi mujer y mis hijos, pasear por la finca de casa y charlar con ellos. No obstante, tengo que reconocer que algún rato sí le destino. Siempre hice escultura en piedra y cantería pero, curiosamente, ahora si estoy experimentando con la madera. No es escultura. Por ejemplo, hice un banco para probar cómo se comporta la madera, qué diferencias tiene con respecto a la piedra, que es totalmente distinto, no tiene nada qué ver. Estuve intentando hacer pinitos con algún mueble. Pero —se ríe— no es un nivel artístico importante, para pasar el rato.

(Enrique Álvarez Barreiro, alcalde de Vilamartín, confía en que unidos saldremos de la pandemia. Invita a los vecinos a resistir. Eso sí, aún cuando esta entrevista hemos querido centrarla en su persona, pone por delante el brillante papel y la implicación de Protección Civil de Vilamartín en la crisis del coronavirus, cuyos voluntarios considera los grandes protagonistas en esta crisis del coronavirus pues trabajan sin descanso, acometiendo desde labores de desinfección, ayuda a los ciudadanos, haciendo la compra a los más vulnerables y entregando el material escolar a los niños y niñas del municipio que el Concello pone a su disposición de los más pequeños de forma gratuita para que se apliquen en sus estudios durante el confinamiento).