Las restricciones en un bar histórico de O Barco: “el Chambray”

Susana Fernández, del Bar Chambray
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Susana Fernández: “Es injusto que paguemos siempre los hosteleros”

Las restricciones por el avance del coronavirus golpean a la hostelería. Horario de cierre a las 18,00 horas y aforos limitados. Nos detenemos en un café histórico de O Barco, el único de su tiempo que ha sobrevivido, “el Chambray”. Nació en 1948. A sus 73 años sigue perfumando día tras día la Avenida Condesa de Fenosa con una fragancia a café intenso, ese que sabe y huele de verdad.

El 10 de agosto de 1987 la familia de Susana Fernández, oriunda de San Vicente de Leira (Vilamartín) y licenciada en Historia del Arte, asumió las riendas del veterano bar, hoy convertido en un verdadero punto de encuentro de personas con edades comprendidas entre los 46 y 92 años.

El Bar Chambray concentraba hasta la llegada del coronavirus y las restricciones, a personas para charlar, compartir y jugar la tradicional partida de cartas.

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Los nuevos tiempos de COVID han hecho desaparecer el chasquido de los dedos sobre las cartas de la baraja, el murmullo, la risa, las historias de antes, el rato para conversar… despojando al bar de la vida anterior al coronavirus.

Aquí, el impacto de las restricciones es más hondo, si cabe. El perfil de la clientela, con una edad más avanzada que el de otros establecimientos, motiva su ausencia que, añadida a las restricciones, genera doble merma de actividad.

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Susana Fernández relata su experiencia. Al principio de la pandemia, con la irrupción de la COVID-19, sufrió mucho. “Tengo clientes que son personas mayores y mi temor era que hubiese algún contagio en el bar”. Después, muchos de ellos, como medida de prevención, optaron por no regresar. “La gente mayor tiene mucho más respeto al coronavirus. Es normal. Noté un cambio muy grande porque dejaron de venir”, lamenta.

Ahora, el peso de las restricciones ha ido perforando aún más el túnel de incertidumbre para la hostelería poniendo en “jaque” futuro y continuidad.

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Susana Fernández opina que es injusta la reciente medida del cierre a la hostelería a las 18,00 horas, frente al comercio que sí puede abrir hasta las 21,30. Da la impresión, añade, que “el virus lo trajo la hostelería. Creo que todos tenemos derecho a vivir. Por mucho que se hable de actividades esenciales y no esenciales, creo que desde el momento que de una actividad depende una persona o una familia ya es esencial”.

Está de acuerdo en que debe primar la salud pero estima que “la mayor parte de los contagios han sido en reuniones privadas, familiares y matanzas. No me parece muy justo que siempre paguemos los mismos”.

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El problema está en que con los aforos cada vez más reducidos y una menor clientela, “los gastos son los mismos pero los ingresos son mucho menos”.

Susana Fernández se crió en “el Chambray”. “Le tengo mucho cariño y por ello asumí la gestión hace seis años, cuando se jubiló mi familia. Ahora mismo no sé que va a pasar, cuál es el futuro. Estamos todos mal con esta situación. No sólo la hostelería porque todo negocio es una cadena. La economía es circular”.

Se aferra, eso sí, a la esperanza de que algún día se difumine la COVID-19; que regrese el bullicio de las partidas, el relato interminable de aquellas historias de antes que revuelven la memoria al ritmo de las volteretas de la cucharilla en un café. Desea que “el Chambray” vuelva a ser el mismo bar de siempre.