El que fue director de la Agencia Tributaria en O Barco era una persona muy querida e implicada con el entorno cultural y social
Fallece Miguel Garrido, el que ha sido director de la Agencia Tributaria de O Barco, en la que trabajó más de cuatro décadas ininterrumpidas. Su fallecimiento ha causado un hondo pesar en Valdeorras, donde era muy apreciado, respetado y querido.
Miguel Garrido, que era natural de Valladolid, también impartió clases en el aula de la UNED en A Rúa (en la rama de Derecho). Estaba muy implicado con la cultura y la música, siendo vicepresidente del Instituto de Estudios Valdeorreses (IEV) y miembro del grupo musical Son do Sil.
Su pérdida deja un gran vacío y sin palabras. Era una gran persona, que deja un recuerdo imborrable.
El presidente del IEV, Aurelio Blanco Trincado, dio a conocer la triste noticia lamentando la pérdida.
Nuestro más sentido pésame a sus hijos, su esposa y su familia.
¡Hasta siempre Miguel!
Despedida de Aurelio Blanco Trincado: «Contigo ocho estrellas brillan con intensidad en el cielo de Valdeorras»
MIGUEL ANGEL GARRIDO GÓMEZ, administrador de la Agencia Tributariade O Barco, profesor de la UNED, vicepresidente del Instituto de Estudios Valdeorreses y componente de «Son do Sil», en cuya agrupación ostentó varios cargos directivos. Pero, por encima de todos sus muchos títulos, fue cien por cien barquense, condición de la que presumía y ejercía con pasión y entrega.
Miguel, desde que llegó a O Barco, se propuso ser Miguel y no don Miguel. Y, para conseguirlo, se acercó al pueblo llano, fue asequible a todos y, como uno más, ejerció su cargo en la administración, la docencia y siendo un miembro más de las asociaciones a las que pertenecía, en las que destacaba por su humildad, honestidad, capacidad de conciliación y sabios consejos.
Tuve el honor de ser su amigo desde el primer día en que llegó a O Barco. Nada más presentármelo su antecesor en el cargo, le mostré orgulloso nuestra Villa. Miraba con fijación, con esa mirada característica y sonrisa abierta, cada calle, cada casa, cada rincón, el malecón, el río. Era de pocas palabras, porque su expresión lo decía todo, y al preguntarle si le había gustado O Barco, me dijo: «mucho». Y ¿que es lo que más te gustó?, le repliqué.
Su contestación: «todo». Me recordó muchas veces que, al acercarse las siete de la tarde, le dije que tenía que ir al ensayo de la rondalla, aquella rondalla, «Airiños do Barco», que tantas alegrías nos dio. Y me espetó: «¿podía ir yo?». Claro!, fue mi respuesta. Y ya se quedó como uno más. Y, a partir de ahí, tuvo la paciencia de aprender a tocar la gaita, la flauta, el violín, la bandurria, el laúd, incluso algún instrumento exótico. Desde que nació «Son do Sil», como continuador de la rondalla, los trinos de las cuerdas de su laúd se escucharon en ensayos, serenatas y conciertos.
Y tampoco enmudecieron en celebraciones, algunas en las que hasta el instrumento lloraba, porque allí estaba, con «Son do Sil», en los
funerales de los compañeros que nos iban dejando. Hoy «Son do Sil» está de luto. ¿Quién nos diría hace escasos meses que te ibas a reunir, tan pronto, con Tito, Toño Prada, Pepe taxista, Pepe de San Vicente, Seara, Armando y Paco. Contigo, ocho estrellas brillan con intensidad en el cielo de Valdeorras.
Miguel fue una persona muy querida, se hizo querer, porque era un gran compañero, humilde, sencillo, cercano, servicial. Era querido en el trabajo y fuera de él. Me lo describía a la perfección Toño Blanco Novo, nuestro fundador y durante algunos años presidente de «Son do Sil»: Miguel era un gran colaborador en todas las decisiones que había que tomar, un gran compañero que tenia el cariño y respeto de todos los componentes del grupo, un amigo de los de verdad, con el que siempre podias contar: un verdadero amigo».
Y es verdad, siempre estaba dispuesto a echar una mano, a escucharte y aconsejarte. Nos deja un gran vacío. Aun es pronto para darnos cuenta de la magnitud de su pérdida. Nos unimos al dolor de su esposa, hijos, nieto, padre, hermanos, demás familiares, compañeros y
amigos. Miguel, Maria, podéis estar orgullosos de vuestro padre, como lo estamos sus amigos. El también lo estaba de vosotros. Esto, si bien no es suficiente consuelo, sí debe serviros para paliar un poco el dolor de su pérdida.
Miguel, bienquerido amigo, amigo del alma amigo, un abrazo al Cielo, el abrazo que no pude darte en O Barco cuando la vida se te estaba
escapando. Y le das otro a tus compañeros de «Son do Sil» que te precedieron. Estamos seguros que te habrán recibido con enorme alegría, al son de «Viento del Norte», aquellas estrofas: «Me guía la luz de un rayo de luna / la clara del alba al amanecer / me llena de vida toda la
hermosura / de esta tierra verde que aprendo a querer». Esa «tierra verde», Valdeorras, que aprendiste a querer y que te quiso a ti y te seguirá queriendo.
Descansa en Paz Miguel Angel Garrido Gómez, Miguel.


