Carlos Tejerizo, el arqueólogo que revaloriza la riqueza patrimonial de Valdeorras

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El profesor junto a su equipo de Sputnik Labrego descifra los hallazgos del castro de Valencia do Sil y subraya que la comarca tiene yacimientos, potencial e historia, pero precisa una estrategia comarcal

Carlos Tejerizo. Su nombre suena una y otra vez como parte indisoluble Sputnik Labrego, grupo del que es director científico, que estudia y pone en valor la riqueza patrimonial. Este arqueólogo, junto a su equipo, ha proyectado el “mapa” del castro de Valencia do Sil (Vilamartín), la pequeña localidad que “esconde” bajo un monte “casi una ciudad”.

Tejerizo ha desenterrado el pasado del castro de Valencia do Sil, reconstruye una parte de la identidad de Valdeorras; conecta con el alma de un pueblo y una comarca en la que ha avivado el interés y sensibilidad por el pasado, patrimonio y arqueología.

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Natural de Salamanca, Carlos Tejerizo vive en Ávila. Es profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, tarea que compatibiliza como investigador en el grupo de Sputnik Labrego en Galicia, País Vasco, Extremadura y otras regiones españolas. Uno de sus próximos proyectos trasciende las fronteras nacionales. El año que viene viajará a Italia para conectar sus trabajos arqueológicos con otros a nivel internacional.

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Lo más interesante de su profesión —dice— “es conectar con la gente, con las comunidades de vecinos”. No en vano, el diálogo con el entorno es clave en los estudios y trabajos científicos que desarrolla.

El arqueólogo considera que la asignatura pendiente del patrimonio arqueológico en Valdeorras es una “estrategia comarcal”. Estima que proyectos como el del castro de Valencia do Sil son fundamentales para sensibilizar sobre la conservación del patrimonio. “Destruir un yacimiento es destruir la historia propia”, asevera.

“Hemos demostrado la complejidad del castro de Valencia do Sil, la densidad de ocupación y su organización urbanística”

¿Cuáles son las conclusiones de la tercera campaña en el Castro de Valencia do Sil?

La primera es la consolidación del proyecto para convertir a Valdeorras en un referente arqueológico tanto desde el punto de vista patrimonial como pedagógico, en el sentido de ser una auténtica escuela de arqueología, acercando alumnos a través del convenio con la Universidad de Santiago. Es, por tanto, también referente para la formación de la arqueología del futuro.

¿Y desde el punto de vista científico?

La conclusión más importante es que hemos demostrado la complejidad del sitio, la densidad de ocupación del lugar y su organización urbanística. Las estructuras excavadas están muy bien organizadas y pensadas, casi parece una ciudad en el monte. Esto es muy interesante porque es único en todo el Noroeste, un sitio con estas dimensiones, con esa planimetría y ese trazado casi urbano. Además, en los nuevos sectores que hemos abierto, también hemos visto que dichas estructuras deben ocupar casi todo el terreno del yacimiento, que abarca 3 hectáreas y media, aproximadamente. Nos habla de un sitio densamente ocupado y ya ha quedado demostrado en esta campaña.

¿Qué han revelado las analíticas de materiales?

Sobre los resultados obtenidos en las analíticas que vamos haciendo, podemos decir que, por una parte, el sitio estuvo ocupado entre los siglos I a.C y V d.C. pero con dos fases distintas, pasando por un momento de abandono del medio. Esto se ha podido constatar con el método de datación radiocarbónica, gracias al estudio de materiales. También se confirma por medio de otros análisis como de polénes antiguos, que se van depositando en el registro de épocas antiguas, del pasado.

Hemos podido demostrar que hay dos fases diferenciadas y una segunda fase en la que hubo una deforestación muy intensa del entorno, creemos que vinculada a la producción de metal, en este caso de hierro, de hierro de mucha calidad. Este es un análisis que hemos hecho en colaboración con el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), que trabaja con la Fundación de Atapuerca y dispone de un laboratorio de referencia mundial en el que hemos podido hacer analíticas de los metales y de los restos de los procesos de forja o reducción de metal que hay en el yacimiento.

Se ha demostrado que en el castro de Valencia do Sil se producía un metal de gran calidad porque tiene componentes que lo acercan incluso al acero moderno. No es exactamente el mismo proceso, pero sí que es un hierro con mucha calidad. Eso demuestra que el yacimiento está vinculado con producción de hierro de calidad.

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¿Para qué se empleaba este hierro?

Pensamos que para hacer herramientas, elementos con los que se pudiese comerciar, y que demostraría ese contacto de Valencia do Sil con el resto del entorno, que está conectado a través del comercio, de las rutas tanto terrestres (Vía Nova o XVIII) como fluviales (el río Sil).

¿Queda mucho camino por delante, por descubrir?

Las dos etapas del castro ya están mostradas aunque hay que seguir investigando. En la arqueología ocurre que respondes a una pregunta pero te surgen otras muchas más. Este año, además, otro de los resultados es que hemos detectado un sistema de canalización de aguas muy bien organizado. Queremos saber si tiene que ver con estos procesos de trabajo del metal o cómo estaban utilizando el agua.

¿Qué elementos se han desenterrado en esta tercera etapa de excavaciones?

Han aparecido, como elementos singulares, monedas, todas ellas vinculadas a la segunda etapa, entre los siglos IV y V d.C., y, sobre todo, cerámica de gran valor diagnóstico, que nos da muchísima información. Por ejemplo, cerámica grafitada (sobre la que hay letras o se escribe sobre ellas), que bastante particular en este período.

¿Cuáles de ellos destacaría como más singular?

Las dos monedas del siglo IV d.C. que han aparecido, debido a su buen estado de conservación, algo que demuestra que no se han movido mucho. Estaban en el sitio, donde las dejaron.

¿Habrá una cuarta campaña?

Sí. Creemos que los resultados son los suficientemente prometedores y que el yacimiento ofrece muchas posibilidades. El Concello de Vilamartín, que está detrás de este proyecto, sigue interesado en seguir excavando y en traer alumnos para que se formen en Valencia do Sil.

“Valdeorras es muy rica, con mucho potencial pero muy poco explotada”

¿Valdeorras desde el punto de vista arqueológico tiene muchas posibilidades?

Lo que estamos viendo después de cuatro años de trabajo en la comarca es que tiene un gran potencial pero, al mismo tiempo, queda mucho por hacer todavía. Tiene una gran cantidad de yacimientos arqueológicos. Después de hacer un inventario, hemos constatado que hay entre 120 y 150. Sin embargo, lo que no tenemos es información densa sobre ni excavaciones sistemáticas o científicas en cada uno de ellos. Es una comarca muy rica, con gran potencial pero muy poco explotada, por el momento.

¿Es posible llegar a aprovechar dicho recurso, tiene futuro?

Para mí es un sí rotundo. Pero esto hay que ir sacándolo poco a poco. Creo que este tipo de pequeños proyectos, como el que también se ha hecho por ejemplo en Larouco, pueden converger en proyectos coordinados, cohesionados, que ayudan a unificar el patrimonio de la comarca de Valdeorras.

Valdeorras puede llegar a ser una comarca referente en el ámbito patrimonial y arqueológico. Hay una riqueza que se empieza a poner en valor, ¿qué opina?

Creemos que es así. A ver si con nuestra labor podemos poner una pequeña piedra en el camino para su proyección. Pensamos que el camino es el correcto, hay potencialidad y mucho qué hacer. Poco a poco, con campañas como la de Vilamartín, con otros sitios que se puedan ir abriendo en la comarca, se puede construir algo en términos territoriales y que sea un referente. No obstante, Valdeorras ya es referente de por sí.

¿Hay algún yacimiento “escondido” o que haya que resucitar en Valdeorras?

Hay muchos. Como he comentado hay algo más de 120 yacimientos inventariados y cada uno de ellos tiene su interés. Yacimientos, potencial e historia hay muchísima. El tema está en generar estrategias coherentes. Simplemente se trata crear las estrategias correctas para investigar una historia pasada en términos patrimoniales. El patrimonio en realidad se define como “lo que queremos como sociedad conservar para el futuro”.

¿Cuál es la asignatura pendiente en Valdeorras?

Para mí la asignatura pendiente en Valdeorras es generar esa estrategia comarcal con respecto al patrimonio, estrategias como las que sí tienen otros sectores como los del vino y la pizarra. Aquí falta esa estrategia, que supone un proceso. Nosotros estamos aportando nuestro granito de arena.

“La arqueología me permite conectar con la gente, con las comunidades y aportar una profundidad histórica”

¿Qué es lo más importante para usted de su profesión, lo más bonito?

La arqueología me permite conectar con la gente, con las comunidades. La visita guiada al castro de Valencia do Sil, por ejemplo. Es el motivo por el que hago todo esto, poder ofrecer y aportar a las comunidades una identidad nueva, una profundidad histórica y que ellos también compartan sus vivencias y dialoguen con nosotros. Para mí, es lo más importante de mi profesión. Esta tarea la entiendo como un diálogo, un diálogo entre el conocimiento que tiene la gente de sus sitios, sus vivencias personales, de cómo entienden el territorio y el paisaje y lo que podemos ofrecer nosotros con nuestras herramientas, excavando, estudiando cada uno de estos sitios. Se trata de darle una profundidad histórica a estos territorios que ya de por sí la tienen.

Muchas veces desconocemos nuestro patrimonio…

Soy de la opinión de que la gente sí lo conoce, lo valora, pero no sabe interpretarlo o darle una profundidad histórica. Y esa es la herramienta que nosotros podemos proporcionar desde la arqueología. La gente sí es consciente de lo que hay en su territorio. De hecho en sitios como Valencia do Sil o algunos yacimientos que estamos viendo en O Barco y Petín, los vecinos los conocen, pero no son capaces de darles la citada dimensión histórica. Para eso estamos los arqueólogos e historiadores, que somos los que podemos proporcionar esto.

En el pasado el patrimonio arqueológico sufrió una importante destrucción, ¿en términos generales, como se trata en la actualidad?

En España, la sensibilización patrimonial ha llegado un poco tarde. La Ley de Patrimonio española es de 1985. Los protocolos de protección del patrimonio se han ido implementado desde entonces, pero eso tiene un retardo, unos tiempos distintos con respecto a cómo la gente interpreta o asimila lo importante que es el patrimonio. Es un proceso que hay que llevar poco a poco y a largo plazo. Tenemos que pensar que con proyectos como el de Valencia do Sil se genera esa sensibilidad, la importancia de la conservación. Destruir un yacimiento elimina la propia historia. Esa sensibilización es un proceso que construimos con proyectos como el de Valencia do Sil.

En términos generales, la valoración es negativa en cuanto a que se ha destruido mucho patrimonio en el pasado, pero positiva porque estamos en un buen momento, y en concreto en Valdeorras. Pensamos que con proyectos como éste, u otros como los que hicieron en su día Los Escarbadores, el arqueólogo Santiago Ferrer, “Pepe das Pedras” y gente que está interesada en el patrimonio, se está sensibilizando y empezando a comprender la importancia y potencialidad del patrimonio arqueológico. De modo que estamos en un proceso.