Durante meses un grupo de vecinas trabaja en la confección de los tapices naturales que vestirán el Corpus
Cada año, las calles de A Rúa se transforman en un auténtico tapiz de color y tradición gracias al trabajo atesanal minucioso de un grupo de vecinas y vecinos que mantienen viva una de las tradiciones más vivas y antiguas: la confección de alfombras florales.

El proceso comienza mucho antes de que los vecinos y visitantes puedan admirar el resultado final. Meses antes de la celebración, Fina Álvarez, con la colaboración de Manuel Martínez, se encarga de diseñar los dibujos que darán forma a las composiciones. Se trata de un trabajo creativo y detallado, con creaciones en el que cada trazo se planifica cuidadosamente para que encaje a la perfección en el trazado de las calles.

Son meses de planificación, confección y colocación que, sin la implicación vecinal, no sería posible.

Dibujos
«Los dibujos los hago en un folio. Después, calculo por centímetros a mano alzada y los materializo en grande, divididos en cuatro cuadrantes, que después se encajan como si fuese un puzzle. Y todo ello valiéndome de una cinta métrica. Tienen medidas de dos metros de largo por dos de ancho», expone Fina Álvarez con emoción, que lleva muchos años asumiendo este proceso en cada «Corpus».

Se corta la tuya
Una vez definidos los diseños, llega el turno de preparar los materiales. Durante aproximadamente un mes, las mujeres cortan la tuya a mano, una planta conífera que será la base verde sobre la que se tejerán las alfombras. Precisan hasta 50 cajas, un proceso manual que realizan durante tardes enteras reunidas en el Atrio de A Rúa Vella. Este manto vegetal cubre el suelo y sirve como lienzo natural sobre el que se irán añadiendo los diferentes elementos decorativos.

Relleno de los dibujos
El proceso continúa con el relleno de dibujos a base de sal y arena coloreada, garbanzos y maiz tintados en plata y oro y la selección y preparación de flores, hojas y otros materiales naturales que aportarán color y textura a las composiciones.

Todo se organiza con precisión, siguiendo los bocetos previamente diseñados, en un trabajo que requiere coordinación, paciencia y muchas horas de dedicación.
Sin este grupo de mujeres sería muy difícil de conservar la tradición de las alfombras florales, de modo que les gustaría que en el futuro hubiese relevo generacional.

Finalmente, en la víspera de la celebración, las calles se convierten en un hervidero de actividad. Vecinas y vecinos colaboradores se reúnen en la Plaza César Conti de A Rúa y su entorno para tejer sobre las calles el tapiz, colocando cada elemento con sumo cuidado hasta completar auténticas obras de arte efímeras. Pasan la noche entera sin dormir para que las alfombras florales luzcan con todo su esplendor durante la celebración del Corpus.





Estas alfombras florales no solo destacan por su belleza, sino también por el valor cultural y comunitario que representan. Son el resultado del esfuerzo colectivo y de una tradición, que además refuerza los vínculos vecinales.
Así, año tras año, este trabajo silencioso y constante culmina en una explosión de color que convierte las calles en un espectáculo único, donde la naturaleza y la creatividad se dan la mano para celebrar el Corpus.
Alfombristas de A Rúa cuya labor artesanal, efímera en su exposición después de largos meses de trabajo, no tiene precio.






