«Lo mejor de del Camino de Invierno es su gente», dice un grupo de peregrinos que relatan su experiencia
El Camino de Invierno despierta esta primavera. El paso de peregrinos es, ahora, diario. Francisco Javier González, de Mallorca; Jauma, de Barcelona, Jesús López (de Murcia, aún cuando reside en Jaén) y Jauma (de Tarrasa) son uno de los distintos grupos de peregrinos que realizan estos días el Camino de Invierno. Es su primera vez en esta ruta jacobea, aún cuando llevan en su mochila el recorrido de otras rutas y para alguno de ellos es ya «el cuarto Camino».
«El Camino de Invierno es muy bonito, precioso, pero duro. Las dos primeras etapas que hemos realizado se han hecho largas. Solo desde As Médulas hasta O Barco hemos caminado unos 31 kilómetros», expresan. No obstante, este componente es inherente al hecho de peregrinar. «En su día hicimos el Camino Primitivo, desde Asturias a Santiago, y también tuvo su dureza. Pero nos encanta», valoran.
Además del paisaje, lo que más destacan es la «amabilidad de la gente«, que les ha proporcionado información e historia a su paso por zonas como Valdeorras. «La gente ha sido muy amable aquí. Desconocíamos que esta es una tierra extractora mundial de pizarra y cuando nos detuvimos a comer nos han explicado todo», cuentan con entusiasmo.
Además, «durante la ruta hemos pasado por una travesía, en la había una vecina barriendo a la puerta de su casa, y nos ha ofrecido agua. Son buenos detalles. Las personas y el ambiente nos han parecido muy agradables», relatan.
Peregrinan por todas las razones posibles, «por caminar cada día por un paisaje diferente, porque conecta con nuestro origen de nómadas, con el sentido antropológico, eso da alegría», además de ese componente espiritual de la profundidad del Camino, «pues ayuda a conocerse a uno mismo», pero también por el propio hecho de «hacerlo entre amigos», porque el Camino une y refuerza los vínculos y la amistad.
Al mismo tiempo, este grupo de peregrinos comparte el gusto por la buena gastronomía, «nos encanta». Y es que el Camino «también es cultura, descubrir sus monumentos, naturaleza, los buenos momentos y pequeños detalles como las pizarras escritas que nos hemos encontrado en la ruta escritas con frases de Shakespeare. Nos vamos fijando en todos los detalles y es emocionante», valoran.
Cada año realizan una ruta jacobea distinta en función del estado de salud «pues ya tenemos una edad», expresan en alusión a que parte del grupo está jubilado (de profesiones tan diversas como psicólogos, profesores o instaladores eléctricos), expresando su deseo además de volver el próximo Año Santo, en 2027.
El valor de un palo del Camino hecho bastón
Uno de los peregrinos peregrina con un bastón confeccionado con una rama recogida en años pasados en el Camino, un bastón al que le ha cogido un gran cariño. Se lo dio a un amigo de Asturias y un año después éste se lo devolvió barnizado y arreglado. «Es un palo torcido, que tiene un gran valor sentimental. Y supone esas pequeñas cosas del Camino que enganchan«, cuenta. Porque cada detalle del Camino deja huella.
El Camino tiene su impacto en el fortalecimiento de las relaciones personales, especialmente la amistad. Los peregrinos comparten jornadas intensas marcadas por el esfuerzo físico, la convivencia continua y la superación de dificultades. Este contexto favorece una conexión más profunda entre compañeros de viaje.















