El escultor inaugura dos exposiciones, en Ponte da Lima el 9 de enero y el 17, en «O Vello Cárcere» de Lugo
Piquico (Ángel Manuel Rodríguez Romero) lleva su «Entroido, mobiliario vestido» a Lugo y Portugal en este primer mes de 2026, con nuevas obras que se integran en esta exposición itinerante de escultura que ya ha recorrido distintas localidades desde 2024.
La exposición de Piquico llega a Ponte da Limia el 9 de enero, a la Torre da Cadeia Velha, a las 18,00 horas y estará abierta hasta el 22 de febrero. El comisario de la misma es Xavier Ares Pérez.
En Lugo se inaugura el 17 de enero, en el Centro Sociocultural O Vello Cárcere (Plaza de la Constitución), a las 19,00 horas horas y permanecerá hasta el 28 de febrero, comisariada por Xabier Limia de Gardón.
En este momento, el escultor del Entroido también participa en una exposición en Bragança (Portugal), denominada «Máscaras, símbolos de identidade», en el Centro Cultural Municipal Adriano Moreira, hasta el 26 de marzo.
Gran embajador del Entroido gallego a través de sus esculturas, señala que ha incorporado algunas obras nuevas a sus exposiciones que renuevan una y otra vez la representación de su obra en cada lugar.
Además de crear y exponer ha creado su página web, Piquico.es, en la que se puede encontrar su obra.
El escultor define el Entroido en su «ontología»: «Es un espacio de libertad, de inversión de roles, norma/transgresión, seriedad y burla, una dialéctica de la identidad que transciende en vida a la representación de la clásica tradición/cultura. A la vez es un canto a la belleza, la verdad o la memoria, al significado de la existencia y la muerte, a la luz y la oscuridad, al pasado y al presente, a la naturaleza y al hombre, en un viaje poético y mágico en el recuerdo de los misteriosos laberintos la identidad y la condición humana en diálogo con el cosmos, donde los colores danzan con poderes telúricos y las formas suenan convertidas en tótems como resultado de la encarnación, endurecimiento y materialización final del principio abstracto del ARKHÉ primario.»
A través de sus escultura intenta «aunar tradición y modernidad como esencia, tributo de un pueblo que ha sabido preservar memoria e identidad amenazada por la globalización, la homogeneización o el estereotipo, recordando la coexistencia con lo simbólico, la búsqueda de lo sagrado y lo espiritual en contraste con el vacío de la civilización moderna en un viaje interior a través de los rincones más profundos de nuestra alma buscando equilibrio y coexistencia, una NECESIDAD que nos conecta con algo más grande que nosotros mismos».
Según sus propias palabras, Piquico busca un significado y propósito, con laborioso, detallista y delicado trabajo paralelo a de los personajes en los que se inspira. «Paciencia, dedicación y habilidad, como un virtuoso y tradicional maestro artesano a la vez innovador, pero saliendo de la agenda del mundo vaciado del contenido espiritual sagrado y presentando resistencia a lo facilón, lo banal o superficial disfrazado de supuestos conceptos profundos, muchos envueltos en un halo invisible de vanidad depresiva y decadente, estresada y con ínfulas de superioridad intelectual coercitiva».
De ahí que —añade— en ciertas obras emerja una crítica a los cimientos del pensamiento contemporáneo que ha perdido su conexión con lo sagrado y lo simbólico, invitando a reflexionar sobre la naturaleza de la realidad y la condición humana en un mundo que ha sido despojado de su significado y su propósito.
Este artista, natural de Viana do Bolo, aplica «energía, intensidad y credo para contagiar y crear una atmósfera de celebración y alegría, incluso de cuento o de magia, testimonio de un lenguaje artístico visualmente reconocible como me han calificado en numerosas ocasiones».
En definitiva, su obra y mirada del Entroido constituye un viaje poético, existencial o filosófico del tiempo, memoria y existencia, en el que invita a reflexionar a través de la creatividad.







