La Ribeira Sacra: un tesoro natural con paisajes de vértigo

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Realizamos la ruta de las Pasarelas del Mao y nos acercamos al mirador más popular: Balcones de Madrid, en Parada do Sil

La Ribeira Sacra, un tesoro natural a explorar con paisajes de vértigo, está muy cerca de Valdeorras. Es una alternativa para disfrutar del tiempo libre. Hoy viajamos hasta las Pasarelas del río Mao y el mirador más famoso, Balcones de Madrid, en Parada do sil.

La “Pasarela Cañón do Mao” se traduce en una experiencia inolvidable. Se trata de una ruta de 11 kilómetros en las que llama la atención el tramo de pasarelas de madera. Consta de 800 metros, suspendido sobre escarpadas laderas que se asoman al paisaje.

El comienzo se halla en Barxacova (Parada do Sil), concretamente en la Fábrica da Luz, antigua central hidroeléctrica convertida en un albergue turístico y centro de exposiciones.

La pasarela fue construida sobre el cañón del río Mao, aprovechando el antiguo canal de agua que llegaba a la central hidroeléctrica.

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Rampas, escaleras y miradores permiten caminar descubriendo cada palmo y rincón verde, con frondosos bosques de robles, castaños, madroños, laureles y otras especies.

El paseo brinda imágenes de postal.

La ruta encierra un gran valor paisajístico y medioambiental.

En el corazón de la Ribeira Sacra, cada palmo de su territorio es pura belleza, rodeada de fauna y flora.

En su recorrido, existen varios paneles con juegos bautizados como “Preguntiña, a folla faladoira” que explica qué fauna y flora que se puede ver al hacer la ruta.

 Las sonido de la naturaleza fluye por las sendas.

El tiempo se detiene.

El Cañón del Sil y sus alrededores ofrecen un rincón inmejorable para la práctica del senderismo o, simplemente, para conectar con la propia esencia de la Ribeira Sacra.

La Ribeira Sacra cuenta, además, con un buen número de miradores, el más conocido el de Balcones de Madrid.

Se dice que el nombre Balcones de Madrid procede de que era el lugar escogido por las mujeres para ver partir a sus maridos emigrantes.

Muchos de los citados emigrantes eran barquilleros.

Así se explica por qué en Parada do Sil hay, también, hay un monumento al Barquilleiro.

Esto es sólo una pequeña parte de lo que encierra la Ribeira Sacra, aspirante a ser Patrimonio de la Humanidad.

Un enclave con encanto que merece la pena visitar.