23 C
O Barco de Valdeorras
sábado, septiembre 19, 2026
Publicidad

El Camino de Invierno descubre Valdeorras al mundo

Publicidad

Diario del Camino: Recorremos los tramos que discurren por esta ruta jacobea a su paso por la comarca y lo vivimos en primera persona

El Camino de Invierno se despereza. La ruta se abre ante el peregrino con una emoción indescriptible cuyo trazado ya se adivina especial en los primeros compases. Con los pies sobre la tierra y el corazón en la mirada emprendemos el paso firme, dejando a un lado la mochila de la vida diaria para tomar otra, la que nos permitirá vivir una experiencia única e inolvidable que dejará una huella imborrable a lo largo de sendas y parajes que despiertan los sentidos. Es la ruta jacobea que muestra Valdeorras al mundo.

El Camino de Invierno, el único que atraviesa las cuatro provincias de Galicia, es todo un desafío. Desprende paz, es solitario, agradable, muy hospitalario, pero también exigente, con subidas y bajadas pronunciadas en algunos de sus tramos a tener en cuenta. Su grado de dificultad es medio-alto.

Esta ruta jacobea se inicia en la provincia de León, en Ponferrada. En su primera etapa, de unos 35 kilómetros (Ponferrada-Puente de Domingo Flórez) hasta Puente de Domingo Flórez, se atraviesan pueblos y espacios singulares como Las Médulas (Patrimonio de la Humanidad), uno de sus grandes atractivos en este tramo, donde la tierra roja se yergue reviviendo la historia y el pasado romano de la extracción del oro.

Publicidad

Recorremos cada tramo de Valdeorras, una aventura en la que además de vivir en primera persona la cultura, el paisaje, el patrimonio y los grandes valores de esta ruta jacobea, disfrutamos de forma muy especial la interacción con los peregrinos: una conexión auténtica, que tiene un lenguaje propio, universal, más allá del idioma, que solo se produce en el Camino.

El Camino convierte a desconocidos en compañeros de ruta, aunque solo sea durante unos kilómetros, enriqueciendo la experiencia.

Pumares (Carballeda)- Sobradelo

Valdeorras es la puerta de entrada a Galicia del Camino de Invierno, una tierra con una personalidad propia, fuerte, resiliente, definida por un paisaje de pizarra, naturaleza, viñedos y donde el curso del río Sil acompaña al peregrino durante buena parte del recorrido.

Pumares (Carballeda de Valdeorras) nos da la bienvenida. Aquí, frases y murales en las fachadas de las casas, animan a seguir esta ruta jacobea, con mensajes escritos en madera y pizarra y el saludo de sus vecinos, que se reproducirá a lo largo del Camino en esta comarca.

La historia de este lugar se asoma en las casas invitando a detenernos como la que recuerda que fue tierra del oro, con la descripción que hizo el propio escritor Miguel Delibes sobre las Oreanas de Pumares, que nos llama la atención y que también suscita interés entre los peregrinos: «Pumares es una aldea sosegada, con olor a heno y gemidos de chirriones, a la que se accede sin más que atravesar el adarve del muro de la presa…».

El Camino enfila desde Pumares hacia As Nogueiras, un pueblo abandonado de Carballeda que ofrece un pequeño descanso para el cuerpo y alma, y un rincón espiritual para los peregrinos. La Virgen se alza en el silencio inmaculado del recinto, rodeada de flores y la huella de aquellos que, a modo de ofrenda, dejan piedras a sus pies.

As Nogueiras

Este pequeño santuario nos invita a hacer un alto para observar como brota el eco del pasado, una aldea que dejó de latir pero que conserva sus muros, un antiguo horno tradicional de leña donde se cocía pan y alguna ventana que se asoma al paisaje.

En este tramo el Camino se indican los recursos que hay en cada rincón sobre el símbolo de esta tierra, la pizarra, señalizando lugares y fuentes como su Cascada Milagrosa, rodeada de leyendas.

El Camino avanza bajo los pies. El paisaje se cuela por la retina, con la fuerza de mil y una tonalidades, el sonido del trinar de los pájaros se multiplica, los aromas de plantas flores y vegetación irrumpen de una forma repentina y tan agradable con fragancias tan puras como las cristalinas aguas que emergen de fuentes y arroyos de esta ruta jacobea.

El Camino se torna como un regalo para los sentidos. Caminamos sin mirar atrás, con pasos decididos y un esfuerzo palpable pero casi imperceptible, diluido en esta nueva experiencia. Porque más allá de caminar, se siente.

En este tramo, nos cruzamos con peregrinos de múltiples nacionalidades. Compartimos una pequeña charla dominada por el entusiasmo de conocer, intercambiar experiencias y vivir el Camino. Nos empapamos de otras culturas, historias humanas de peregrinos que enlazan con las propias.

Y avanzamos. Llegamos a la puerta de Sobradelo (Carballeda de Valdeorras), donde un nuevo mirador ofrece espectaculares vistas sobre el río Sil, no sin antes contemplar alguna nave de pizarra y la vía férrea. Nos adentramos en el núcleo, una localidad en la que ya se atisba su emblemático puente del siglo XVII. Esta es una de las localidades elegidas por el peregrino para pernoctar.

Sobradelo-Éntoma-O Barco

Seguimos caminando. De Sobradelo hacia Éntoma y O Barco. Este tramo combina tramos de bosque con asfalto, la carretera OU-0801, una característica que se repite en algunas otras zonas del Camino a su paso por Valdeorras al que hay que prestar atención por razones de seguridad vial.

Precisamente, Turismo de Galicia acometerá una remodelación de esta etapa para alejarlo de la carretera, que estará operativo durante el año Santo Xacobeo 2027, una actuación importante para la seguridad vial de los peregrinos que, sin duda, mejorará la experiencia.

Al llegar a Éntoma, su puente romano nos recibe junto un grupo de esculturas en pizarra que simbolizan esta ruta jacobea. El patrimonio es otra de las señas de identidad del Camino de Invierno a lo largo de toda la ruta jacobea.

La iglesia de esta localidad se deja ver en una esquina de la plaza de Éntoma, una singular construcción en piedra roja del país, que luce en una de las puertas laterales la cruz de la orden de San Xoán de Jerusalén o de Malta.

Marcamos el paso hacia O Barco, afrontando una senda empinada por una zona de vegetación que descenderá a continuación para volver a la carretera que nos adentra en la citada localidad.

Éntoma

El Camino de Invierno se hace urbano en O Barco, donde atraviesa el barrio histórico de San Roque y la calle Real (aún cuando existe también la opción de recorrerlo por la travesía principal), con murales y la estampa floreada suspendida sobre los balcones de las casas.

Los pasos avanzan hacia el Paseo de O Malecón, donde el río Sil vuelve a «saludarnos» en su plenitud como fiel compañero durante toda la etapa.

O Barco-Vilamartín

Desde aquí el Camino de Invierno sigue hacia Xagoaza, Arcos y una vía paralela de la N-120, volviendo de nuevo a zonas de asfalto, hasta llegar a O Bañadoiro, en Vilamartín, otro de los «pulmones verdes» a orilla del Sil pasando por el entorno del embalse de Santiago.

Vilamartín

El Camino prosigue a través de la senda que sigue a O Bañadoiro, que se torna agradable, reposada, sin complejidad, acondicionada recientemente por la Xunta de Galicia para mejorar la experiencia y seguridad del peregrino.

Vilamartín- A Rúa

El Camino avanza hacia A Rúa. Hay dos opciones, la vieja N-536 o por el Camino Alternativo, más empinado, pero más seguro, con vistas panorámicas de Vilamartín y A Rúa, a través de bosque y viñedos que pintan bellas estampas.

En A Rúa el Camino de Invierno también discurre por tramos urbanos donde el peregrino dispone de todos los servicios. Además, hay albergue (de donativo) muy bien valorado por los peregrinos que pernoctan aquí.

Peregrinos a su paso por Fontei (A Rúa)

A Rúa- Alvaredos (Lugo)

El Camino de Invierno parte de A Rúa hacia la provincia de Lugo (Quiroga). Son 28 kilómetros por delante en una de las etapas que más inquieta a los peregrino por ser dura, larga y sin servicios.

El Camino de Invierno en el tramo A Rúa-Quiroga

Caminamos por una carretera muy poco transitada, la OU-933, que cambia a LU-933 al entrar en la provincia de Lugo. Las vistas sobre el río Sil son magníficas.

En Alvaredos se disfruta de la arquitectura popular y de un tentenpié que aguarda a los peregrinos a la puerta de una casa, día tras día, como un gesto hacia los peregrinos.

Y de aquí el Camino ya discurre hacia Montefurado, Quiroga, A Pobra de Brollón, Monforte de Lemos, Chantada, Rodeiro, Silleda, Outeiro y Santiago de Compostela.

Con peregrinos de Holanda y China

El Camino en primera persona

En nuestro recorrido por el Camino de Invierno hemos constatado que nadie escapa al encanto de esta ruta jacobea, elegida una y otra vez por su autenticidad y ese toque de ruta minoritaria. Es un camino cada vez más internacional, en el que fluyen peregrinos de todo el mundo, cada día con mayor trasiego.

Su señalización es excelente: aquí es imposible perderse. Además, proyecta la comarca de Valdeorras como ningún otro recurso.

Además, se comprueba que existe conciencia del Camino. Buena parte de vecinas y vecinos han interiorizado el valor del Camino y no solo saludan sino que brindan ayuda al peregrino ofreciendo agua, algún tentenpié o información.

Los puntos a mejorar en el conjunto del Camino de Invierno es la ausencia de servicios en algunos tramos, aún cuando esto forma parte de la propia identidad del Camino —que obliga a realizar etapas más largas y tener la previsión de portar agua y comida—, y algunos tramos sobre el asfalto que, como ya citamos, serán alejados de las carreteras por Turismo de Galicia en los municipios de A Rúa, O Barco y Carballeda.

El Camino de Invierno más que contarlo hay que vivirlo.

Más información del Camino en:https://www.turismo.gal/inicio?langId=es_ES