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viernes, julio 10, 2026
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Colocador de pizarra, el oficio propio de Valdeorras: arte, tradición y supervivencia

Colocadores de pizarra
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Colocadores de pizarra de la comarca relatan los entresijos de una profesión que aspira al relevo generacional

Colocador de pizarra. Este es un oficio que da identidad a Valdeorras. La piedra negra es la «marca» propia de la comarca. Aún cuando no hay censos oficiales públicos, se estima que el número de personas que optan por esta profesión es reducido, un oficio que ejerce una minoría cualificada que aspira a la supervivencia y continuidad.

El sector de la pizarra en Valdeorras emplea de forma directa a unos 2.400 trabajadores. La gran mayoría (más del 80%) trabajan en las canteras y plantas de transformación (labrado). Solo una pequeña parte opta por la versión más artesanal y necesaria de la «louxa», la de colocador. Sin colocadores, la pizarra no tendría salida.

La profesión de colocador de pizarra exige de una «pasta especial»: pericia, precisión y dureza, pero sobre todo el gusto o pasión por este oficio.

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En verano, la pizarra quema. En invierno —como estos días—, la lluvia, la nieve o las rachas de viento dificultan el trabajo. Las condiciones meteorológicas marcan el ritmo de la obra por excelencia que dota del «caparazón» perfecto a viviendas y edificios.

Carlos Pimentel Rodriguez, la veteranía, 40 años sobre los tejados: «Soy feliz en el tejado, es mi vida»

Amar el oficio es una de las condiciones para ser un buen colocador de pizarra. Carlos Pimentel Rodríguez, natural de A Rúa, es ejemplo de veteranía en este oficio. Lleva 40 años sobre los tejados. Su «mundo» está en lo alto de una cubierta. A pesar de la exigencia física de esta profesión, mantiene una vitalidad envidiable. Siempre con una broma en la recámara, y con la emisora de la «La Jungla Radio» como compañía — desde la que incluso le dedican día tras día canciones—, asume la faena con buen humor, el mejor «arnés» para disfrutar de este oficio que, para él, es una gran pasión.

«Me encanta. Es un oficio muy bonito. Cuando terminas un trabajo, se ve, acabas satisfecho. Pude haberlo dejado y nunca lo hice. Para mí colocar pizarra es un arte«, expone.

«Artesanía compleja que exige mucha paciencia», define. Porque hay que dar «puntadas» precisas sobre la «louxa». Para que cada pieza de pizarra encaje con la anterior, hace falta pericia manual, aún cuando el oficio ha ido registrando a lo largo de los años mejoras que han ayudado a «mecanizar» algunas fases de la colocación, por ejemplo «pistolas eléctricas para clavar sobre rastreles de madera; sierras eléctricas; camiones-grúa para subir el material al tejado; andamios etc. Antes era todo a mano».

Mayor seguridad

El oficio también ganó en seguridad en los últimos años. Carlos Pimentel sufrió dos accidentes en el pasado, después de caerse de un tejado. «Tuve mucha suerte porque otros compañeros se dejaron la vida en el tejado. Hoy en día es seguro. Es muy difícil una caída porque llevamos medidas de protección», explica.

No hay nada que no le guste de su oficio: «Soy feliz en el tejado, es mi vida, esto es lo mío», dice con emoción, recordando con orgullo que fue uno de los primeros colocadores de pizarra en A Rúa, en tiempos en los que había excelentes profesionales en Carballeda, Vilamartín, Éntoma (O Barco) y otras zonas de Valdeorras.

Déficit de colocadores

Carlos Pimentel Rodríguez se convirtió en colocador de pizarra casi por casualidad. Fue un colocador de Santigoso (O Barco), Alberto Bareta, quien le enseñó a amar la pizarra, «una piedra nuestra, que define a Valdeorras y que genera empleo», valora.

Antes había más colocadores, «y muy buenos. Hoy hay un défict. Le diría a las nuevas generaciones, primero, que amen lo que hacen y después, que prueben este oficio tradicional. Es un trabajo muy bonito y muy agradecido. Los malos días son contados».

Crhistian, 34 años, el relevo generacional: «Hay tejados que son puro arte, es un oficio muy libre, me encanta«

Christian Ladrón de Guevara, hijo de Carlos Pimentel, tiene 34 años. Se inició en el oficio hace 14 años, cuatro de ellos en fase de formación. Dio el paso sin dudarlo, siguiendo el ejemplo de su padre, Carlos Pimental. «Vas aprendiendo con los años. Es un trabajo interesante que a mi me gusta mucho», dice con entusiasmo. Expone que no todos los tejados son iguales, cada uno es un reto en el que hay que planificar y amoldar cada pieza de pizarra. «Cada día aprendes algo nuevo porque las cubiertas son diferentes, son muy particulares, cada cubierta tiene su fisonomía», detalla.

Señala que está encantado con su oficio. Aún cuando pueda parecer duro, «es muy libre. No estás encerrado en un lugar. Las decisiones las tomas tú en cada momento. Cada día es diferente», expone.

Las temperaturas extremas para la colocación de pizarra suele ser lo más duro. «Para mi el frío es lo peor, el calor se aguanta».

Cuenta que el amor por el oficio se lo transmitió su padre. «Es un trabajo tradicional, manual, artesanal, poco mecánico. El riesgo podría ser una caída, pero a mi, desde que era pequeño me inculcaron mucho la seguridad y cada paso que doy siempre es con tiento, bien fijado, sin prisas, con tranquilidad y atención».

No obstante, insiste en que las obras son muy seguras, «con andamios, cuerdas, arnés. Nos protegemos lo máximo posible». Y lanza un deseo: «Me gustaría que este oficio tenga continuidad. Hay tejados que son puro arte. Hubo gente en el pasado, colocadores míticos que dejaron su obra de arte con tejados extraordinarios. Hubo una época de grandes colocadores».

María del Carmen González: «Sin colocadores, la pizarra no sería nada, hay que animar a la juventud a ejercer un oficio que es un arte y es valorado»

María del Carmen González, alcaldesa de Carballeda de Valdeorras, la «cuna» de las canteras de pizarra, afirma que tanto el Concello como el Clúster de la Pizarra de Galicia intenta que no se pierda este oficio. «Contamos con el Centro Tecnológico de la Pizarra y cuesta animar al alumnado. De hecho, el Clúster de la Pizarra hace campañas para ello y los colocadores salen con trabajo», explica.

Afirma que hay que la continuidad del oficio: «Sin colocadores, la pizarra nada es, no sería nada». Explica que la labor de colocación, además de ser técnica, tienen que proporcionar unas condiciones como la impermeabilidad, «pero también es arte. No es lo mismo un edificio que otro. Basta con observar las maquetas que hay en el Centro Tecnológico de la Pizarra, que son una maravilla. Es un arte que se hace a mano«.

También reseña que la impermeabilidad, una de los elementos característicos de la pizarra, depende mucho de cómo se coloque la pizarra. «Es fundamental para el sector de la pizarra que haya colocadores. E sun oficio bien pagado, que cuenta con déficit y hay que animar a los jóvenes de nuestra tierra para que se preparen en este oficio, que está muy valorado«, concluye María del Carmen González.