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sábado, septiembre 12, 2026
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Ricardo Marini: «En O Barco volví a echar raíces, lo quiero tanto como a mi tierra natal (Argentina)»

Ricardo Marini, pregón de las fiestas de O Cristo
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El pediatra pronunció el pregón de las fiestas de O Cristo

El pediatra Ricardo Marini pronunció un emotivo pregón de las Fiestas de O Cristo en la Plaza Mayor, que registró un lleno absoluto. Emocionado, emocionó también al público. De Argentina a O Barco, con casi 40 años en Valdeorras, es un profesional reconocido y una persona muy querida en esta tierra.

Sabela Sánchez, trabajadora de la clínica de Marini, fue la conductora de la gala

Comenzó agradeciendo el «gran honor» de ser el pregonero y relatando que sus primeras raíces están en la pampa argentina, donde llegaron sus abuelos españoles, los padres de su madre, allá por la década de 1890. «Sin embargo, he vuelto a echar nuevamente raíces en este entrañable lugar, entre las gentes de este pueblo, al que quiero tanto como a mi tierra natal. Por eso la esencia de este pregón es el agradecimiento sincero y profundo a ustedes que nos han cobijado a mí y a mi familia desde el primer momento de nuestra llegada», expresó.

Ricardo Marini, pregón de O Cristo
Ricardo Marini durante la lectura del pregón de O Cristo

Ricardo Marini pidió «permiso» para pronunciar este pregón en castellano, «porque fue mi lengua madre durante la mayor parte de mi vida. No es un castellano puro, esta modificado, argentinizado, mejor dicho un castellano rioplatense, porque en Argentina coexisten muchos idiomas y muchos acentos; este primitivo castellano se mezcló en mi familia con palabras gallegas, de mi abuela materna (neno pecha a porta) y con el italiano de mi familia paterna».

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Recordó sus orígenes españoles. «Soy Marini Fernández; mi familia paterna era italiana, del Piamonte y mi familia materna, vecina de esta Comarca de Valdeorras, del Bierzo, concretamente de Toral de los Vados», señaló.

Quiso honrar en este pregón a sus abuelos, italianos y españoles. «La unión de estas dos inmigraciones dio origen a la mayoría de los argentinos de la zona del Río de la Plata».

Ricardo Marini relató que a partir de 1860 comienza la gran inmigración italiana a Buenos Aires y, desde entonces, «la mezcla de estas dos culturas originó una idiosincrasia propia, las costumbres se amalgamaron, las músicas se mezclaron, la guitarra española se transformó en la guitarra criolla y el tango andaluz de Cádiz junto con el candombe africano, la polka, la mazurca, ritmos italianos y música indígena, dieron origen al tango argentino actual».

Contó que sus abuelos maternos, españoles de siglos, emigraron a América sumidos en la pobreza extrema y huyendo de la incomprensión familiar que no aceptaba su matrimonio. «Se casaron en secreto en un pueblito cercano a Toral de los Vados y marcharon a Vigo con destino a América. Abordaron el primer barco que partía, iba a Buenos Aires. Mi abuela embarazada, después de una travesía peligrosa y larga, dio a luz a su primer hijo en aquella ciudad; solos, sin ninguna ayuda, mi abuelo comenzó a trabajar en el puerto y mi abuela fue contratada junto a su hijo recién nacido, como ama de leche, por una familia aristocrática de Buenos Aires, para que amantara al hijo de la señora de la casa. Tenían permitido solo mirarse y hablarse a través de la mirilla de la puerta de servicio».

Y dijo que dicha situación duró un tiempo, «resistieron estoicamente, pero finalmente decidieron marcharse al interior del país, subieron a un tren, sin destino fijo y bajaron en una estación a 180 km de Buenos Aires. Allí ambos encontraron trabajo en un hotel, mi abuela tuvo a su segundo hijo, todo parecía mejorar, hasta que la epidemia de malaria de 1910 les arrebató a sus dos nenos. Desesperados, con el alma rota, sin saber que hacer, subieron a otro tren para irse muy lejos y bajaron en la última estación, donde acababa el riel, a más de 500 km de Buenos Aires».

Ricardo contó que era un pueblo pequeñito en medio de la llanura pampeana donde crecen el trigo y las vacas, un paisaje sin montañas y sin ríos, muy distinto a su España natal. «Este pequeño pueblito los cobijó y al conocer su historia toda su gente se volcó con ellos; el Ayuntamiento les donó un terreno y los abuelos levantaron con sus manos su nueva casa de adobe. Retomaron, como pudieron sus vidas. Vinieron, luego más hijos, entre ellos mi madre. Cuando sus niños crecieron se trasladaron a un pueblo mas grande, una pequeña ciudad. Allí mi madre conoció a mi padre, un descendiente de italianos, y allí en medio de la pampa argentina, nací yo y luego mi hermana que agradecida y orgullosa está en esta plaza entre ustedes«.

«Buenos Aires es mi lugar en el mundo»

Tuvo un recuerdo muy especial para sus padres, que «con cariño y rectitud nos dieron esa infancia tan feliz y nos inculcaron los valores de la vida. Por el trabajo de mis padres viajábamos mucho a Buenos Aires, ciudad que era y sigue siendo para mí, mágica. Quienes me conocen recordarán haberme oído decir siempre, es mi lugar en el mundo. A los 17 años me radiqué en Buenos Aires, para estudiar Medicina, luego hice el MIR en Pediatría y me especialicé en Neonatología. Haber elegido esta profesión, como dice Don Quijote es un privilegio, aún a esta edad me da la vida. Conocí a Vicky, mi esposa, en 1976, dándole clases de Histología en la facultad y tuvimos 2 hijos, Rodrigo y Federico, que llegaron a España pequeños y crecieron entre los niños barquenses».

«Aquí volví a echar raíces»

Ahora, ya después de casi 40 años, «en este querido pueblo, volví a echar raíces y entonces tengo otro privilegio, un regalo, contar con dos lugares en el mundo, que son míos, y en los que quisiera pasar el resto de mi vida. No es mi intención aburrirlos con tanta historia, pero lo que quiero contarles es muy importante porque deben saber que llegué aquí por la conjunción de muchas causas, ser la tierra de mis ancestros, casualidad, el destino, la providencia o este JESUS NAZARENO que me trajo para vivir con ustedes…»

Desmenuzó cómo llegó hasta O Barco. Era agosto de 1989, último año de la presidencia de Alfonsín, primer presidente democrático después de la dictadura de facto. «Lo que había comenzado con gran ilusión en 1985 se fue transformando en una crisis, primero económica y luego social con delincuencia e inseguridad. Nuestros hijos eran pequeños y temíamos por ellos. Decidimos entonces alejarnos transitoriamente de esa situación y emigrar por un tiempo a Italia, donde me habían ofrecido trabajo. Después de tres meses en ese país, homologando títulos y aprendiendo a hablar lo más correctamente posible el italiano, entendí que no era lugar para nosotros y decidí volver a Argentina».

De Roma a Toral de los Vados

Se lo comuniqué telefónicamente a su esposa, que al reiterarle el agravamiento de la situación en nuestro país, le sugirió «que pasara por España a saludar a mi familia materna, porque seguramente nos sería, en el futuro, imposible volver a viajar a Europa. Así, que de Roma a Toral de los Vados, y estando en la casa de una prima de mi madre me llama un compañero médico argentino que había viajado a Vigo por temas familiares.

«Era y es oftalmólogo y había leído en el Faro de Vigo, que en un hospital de la provincia de Ourense, casi en el límite con León, ofertaban una plaza de Oftalmología. Me pidió que si ese lugar estaba cerca del pueblo de mi familia, le hiciera el favor de ir hasta ese hospital e interiorizarme sobre esa propuesta de trabajo. A esta tierra llegué, octubre de 1989, era la primera vez que pisaba Galicia. El lugar se llamaba O Barco de Valdeorras y el hospital, Hospital Comarcal de Valdeorras. Había nevado, el pueblo era una postal. Ya en el hospital solicité hablar con el director, en ese entonces el Dr. Orlando Saavedra; estaba de viaje y me recibió entonces la Dra. Nieves Martínez, pediatra, ambos muy amigos desde entonces».

Le confirmó la oferta aparecida en el periódico, e inmediatamente redactaron el precontrato para su amigo oftalmólogo. Y le dijo: «si conoces otros médicos que quieran venir, necesitamos un pediatra, en lo posible que haga neonatología, coméntales, porque ya mismo los contrataríamos. La miré sorprendido y le dije entonces, pediatra soy yo y hago Neonatología, pero en una semana vuelvo a Buenos Aires, ya lo tengo decidido, tengo ya el pasaje de avión».

Y ella le expresó: «¡Piénsalo!, te haría ya el precontrato, como a tu amigo. Y aquí estoy yo. Lo que en un principio era transitorio, para uno o dos años, se convirtió en décadas. Décadas con alegrías y tristezas, como tiene la vida misma. Durante 1 año vivimos tranquilos, con morriña, sí, pero sin miedo respecto a la seguridad; sin embargo, por cambios administrativos ajenos a mí, cumplido ese primer año me rescindieron el contrato en el hospital. Sin trabajo, desanimado, decepcionado y viviendo una pesadilla había una decisión que tomar y rápido».

Sin embargo, dos médicos, compañeros del Servicio de Urgencias, «Pablo y Macu, me ofrecieron unirme a ellos y poner una consulta privada, así nació la Clínica Médica Valdeorras, en la que aún sigo trabajando. Cinco años estuve fuera del hospital, haciéndome un lugar en toda la comarca, tenía consulta aquí en O Barco, en Viana y en Trives. Después de ese exilio hospitalario volví a mi querido hospital, hasta 2015, en que por la Ley de jublilación obligatoria que regía entonces, de jubilación forzosa a los 65 años, me jubilaron, a mi pesar, en la Seguridad Social».

Marini siguió relatando que «ahora, sintiéndome un barquense más, un valdeorrés más, doy y daré siempre gracias a esta tierra y a su gente, gente que me ha tendido las manos en los momentos difíciles y se ha alegrado de nuestros logros. Los comienzos no fueron fáciles, las migraciones no siempre lo son, pero los cuatros juntos, mi esposa y mis dos hijos, como espigas que se doblan pero no se rompen, seguimos adelante, en las buenas y en las malas».

La odisea de sus abuelos españoles fue más dura, más trágica y complicada, «pusieron todas sus fuerzas para salir adelante; nosotros no podíamos ser menos y también lo hicimos. La migraciones fueron, son y serán el refugio de mucha gente, de mis abuelos, de mi propia familia y de tantas personas que buscan en otras tierras una vida mejor. No nos olvidemos de tantos gallegos que tuvieron que emigrar: Castelao, gallego de Rianxo, que vivió su exilio, hasta su muerte en Buenos Aires; Luis Seoane, hijo de gallegos, que nacido en Buenos Aires fue una figura central de la cultura rioplatense, Fernando Iglesias, ourensano que emigró a Argentina y fue allí un personaje notable del teatro, del cine y la cultura»,

Y recordó a españoles que encontraban en Argentina, cobijo, protección como Federico García Lorca, andaluz, que en los primeros años de la década de 1930 se refugiaba en el famoso Café Tortoni de Buenos Aires, en las tertulias de la cultura argentina; allí se lo recuerda ahora con una escultura, sentado a una mesa de café, junto a Alfonsina Storni, poeta argentina por excelencia y a otros literatos de aquellos tiempos.

Ricardo Marini también citó a tantos gallegos y españoles que han formado el pueblo argentino, «luchando a brazo partido para salir adelante. Con toda razón a Buenos Aires la llaman la quinta provincia gallega. Son tantos los gallegos en Argentina que a todos los españoles, sean de cualquier lugar de España, los llamamos gallegos. Mi mejor amigo, de la infancia, de la juventud y de la actualidad es el gallego Domínguez. Es una amistad que ha perdurado en el tiempo. Se llama José Domínguez Martín y nació en Ciudad Rodrigo, pero todos lo llamamos el gallego».

Dijo que «españoles y argentinos siempre estaremos unidos. En la escuela siempre aprendimos que España es la MADRE PATRIA y lo seguirá siendo para siempre. Se refugiaron mutuamente en los momentos difíciles de la historia. Con este pregón quiero dar gracias a la vida por todo lo recibido en mi tierra natal y en ésta, ahora mi tierra, donde luchando codo a codo con Vicky, la madre de mis hijos, nos hemos abierto camino viendo crecer a Rodrigo y Federico y hacerse hombres de bien».

Dijo que sus hijos actualmente viven en Madrid con sus respectivas familias, pero O Barco es su pueblo, «vuelven aquí, a la casa de su infancia, tienen infinidad de amigos, pandillas que se reúnen frecuentemente cuando sus trabajos se lo permiten. La familia ha aumentado con Valentina y Nicolás, dos nietitos que nos alegran la vida, que ya no son inmigrantes, han nacido en España«.

Y agradeció a todas y cada una de las personas que estuvieron a su lado «desde nuestra llegada, apoyándonos en los difíciles momentos del comienzo, no hay palabras que alcancen. Quisiera nombrarlos a todos, pero como dice Roberto Carlos son ya un millón de amigos».

También a sus compañeros de trabajo, «a todos sin excepción, con los que compartí en nuestro querido hospital, tantas horas de angustia y felicidad; en aquella sala de partos, comiendo trozos de pan de madrugada, esperando el nacimiento de un niño, en la planta de pediatría, en la consulta y en urgencias, viviendo situaciones difíciles y momentos de alegría cuando podíamos resolver con éxito los problemas que se nos presentaban».

Y agradeció a estos mismos compañeros «los cuidados que han tenido y tienen conmigo, cuando recurrí y recurro a ellos, no como médico, sino como paciente. Para los niños, mis pacientitos, que me alegran la vida día a día, para aquellos niños que han crecido y hoy son ya hombres y mujeres, el cariño más inmenso del mundo. Para sus padres que me confían la salud de sus hijos, mil gracias por hacerme sentir útil, por la confianza depositada, seguiré con ustedes, ahí, al pie del cañón, mientras mi cerebro me lo permita».

«¡Vivamos estas fiestas con alegría, juntos, la gente nacida en esta tierra, los que fuimos inmigrantes, los que lo son actualmente. Seamos empáticos, buenos como siempre, intentemos hacer felices a los demás, recordando constantemente que nosotros los inmigrantes debemos ser respetuosos, agradecidos, devolviendo lo que esta tierra de acogida nos ofrece para vivir una nueva etapa en nuestras vidas!», indicó.

Apeló a lo que escribió Machado y cantó Serrat: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar… Disfrutemos de las cosas simples de la vida, las que realmente nos dan la felicidad. Y recordemos siempre, como dice una canción argentina que llega al alma: Honremos a la vida y seamos merecedores de ella. Que honrar la vida no es callar ni consentir tantas injusticias repetidas; es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad más definida. Merecer y honrar la vida es erguirse vertical, más allá del mal, de las caídas. Es igual que darle a la verdad y a nuestra propia libertad la bienvenida.

Finalmente concluyó con los vítores: «¡Viva nuestro patrono, nuestro Jesús Nazareno, bueno, noble, justo, sigamos su ejemplo y seamos dignos de él Viva nuestro pueblo, este O Barco de Valdeorras, inigualable, acogedor y siempre a flote. Vivan sus gentes buenas, nobles, solidarias. Viva Valdeorras, Viva Galicia y Viva España entera. Disfrutemos juntos de todas las actividades programadas, contentos y orgullosos de esta tierra, en la que tenemos suerte de vivir. Gracias de verdad. ¡Y que comiencen las fiestas ya!»