La asociación alerta de que en este proyecto previsto entre Vilamartín, O Barco y Oencia (León) no se evalúa el impacto sobre la biodiversidad y se infravaloran los riesgos asociados a los incendios forestales
ADEGA acaba de presentar alegaciones al proyecto del parque eólico Ferromolín (un proyecto de 27 MW previsto entre Vilamartín, O Barco de Valdeorras y Oencia), promovido por Promoción Eólica Peninsular V, S.L. y sometido la información pública en el BOE del pasado 21 de septiembre.
La asociación solicita una declaración de impacto ambiental desfavorable para una instalación que contempla seis aerogeneradores titulares, cinco posiciones de reserva y una línea de evacuación soterrada de 14,33 kilómetros.
ADEGA considera que el estudio ambiental presenta importantes defectos en la evaluación de los impactos sobre la biodiversidad, la conectividad ecológica, los recursos hídricos y el patrimonio, además de infravalorar los riesgos asociados a los incendios forestales.
El proyecto se sitúa en un territorio afectado por el macroincendio de agosto de 2025, una circunstancia que, según ADEGA, no se evalúa de forma adecuada en el estudio ambiental. La asociación denuncia que el análisis del riesgo de incendio se apoya en normativa de 2007 y 2010, sin considerar adecuadamente las consecuencias del fuego ni la vulnerabilidad actual de los terrenos.
Incendios
La apertura de pistas y la ejecución de las obras sobre suelos desprovistos de vegetación pueden agravar la erosión y favorecer el arrastre de cenizas y sedimentos hacia los cursos fluviales y a los núcleos de población del entorno. ADEGA advierte también de que las nuevas infraestructuras pueden facilitar la propagación de los incendios y comprometer la regeneración natural del monte. A esto se suma la presencia de los aerogeneradores de casi 200 metros de altura, que podrían dificultar la intervención de los medios aéreos de extinción.
Especies protegidas y corredores ecológicos ignorados
ADEGA cuestiona la falta de una evaluación rigurosa de los impactos sobre la fauna amenazada. En particular, denuncia los defectos en el análisis de la presencia del lobo y del oso pardo, especies protegidas por el Convenio de Berna y por la Directiva Hábitats. El estudio descarta la presencia del oso apoyándose en planes de recuperación de 1990 y 1992, una justificación que la asociación considera insuficiente para evaluar la situación actual de la especie y su posible presencia en la zona.
Águila real en peligro
La poligonal del parque se sitúa, además, en el área de campeo de la única pareja reproductora de águila real de la provincia de Lugo, por el que ADEGA alerta de los riesgos que la instalación podría suponer para esta especie. También señala deficiencias en el estudio de los murciélagos, que no seguiría las directrices técnicas de SECEMU y Eurobats al aplazar el muestreo acústico en altura para una fase posterior a la autorización del proyecto.
Otro de los aspectos que ADEGA considera inaceptable es la falta de análisis de la Infraestructura Verde de Galicia. Según la cartografía oficial de la Xunta, cinco de los seis aerogeneradores previstos se sitúan dentro del denominado Corredor Terrestre y el sexto en su límite norte. A pesar de esta coincidencia, el estudio ambiental no evalúa adecuadamente las consecuencias para la conectividad ecológica ni presenta alternativas que permitan reducir los impactos.
Un modelo eólico ajeno a la realidad del rural
Finalmente, ADEGA advierte de que el estudio no evalúa suficientemente las consecuencias del proyecto sobre los montes vecinales, la gestión forestal, los sotos de castaños, la ganadería extensiva y la actividad turística. Son usos y aprovechamientos que sustentan la economía y la vida de las comunidades rurales y que pueden verse comprometidos por la ocupación del territorio y la transformación del paisaje.
Por todo esto, ADEGA solicita que se deniegue la autorización al parque eólico Ferromolín y que se formule una declaración de impacto ambiental desfavorable. La asociación reclama que la implantación de nuevas infraestructuras energéticas no se haga a la cuenta de la biodiversidad, del patrimonio y de los usos tradicionales del monte, especialmente en un territorio que aún afronta las consecuencias de uno de los grandes incendios forestales recientes.
