Gabriel Prada: “el clown nace del corazón”

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Gabriel Prada, actor de O Barco de Valdeorras
Gabriel Prada, actor de O Barco de Valdeorras

Gabriel Prada, de O Barco, es un actor con mayúsculas, de esos que no sólo aman el teatro sino que son capaces de transmitir esencia, personalidad y una gran profundidad, el alma que lleva dentro. Él se define como “un amateur, un amante del teatro”, si bien su talento va más allá de esta simple etiqueta.

Es autor de “Quimera”, una obra que ha ganado muchos corazones entre el público nacional e internacional pues sido ha representada en Marruecos, donde le han otorgado un galardón a la calidad,  y, ahora, en México. En ella funde trama, personaje, música y ambientación creando un espectáculo único y mudo, donde el silencio “habla” a través del clown, de su inocencia, de su valentía, de su humor…; despertando emociones mediante un código de comunicación transparente como el cristal.

“Quimera trata de reflejar la condición humana,  valores, el amor al trabajo, el amor en sentido amplio,  la pareja, los hijos…  la vida misma. Todo está contado con una trama onírica y surrealista. El conflicto  va surgiendo y  el personaje lo aborda desde su perspectiva emocional sencilla, infantil, pues el clown es como un niño grande. Todo discurre para ser feliz”, explica Gabriel Prada.

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Humildad, generosidad y entrega, son tres grandes adjetivos que definen a este actor, que dice serlo gracias a un amigo, maestro y pedagogo excepcional, el valdeorrés Paco González, uno de los grandes del clown que un día se cruzó en su camino y cambió su vida.

Gabriel Prada no ha dejado de crecer, de interactuar, de conocer, de mejorar. No tiene más pretensiones que las de actuar. “La vida es azar. Mi máximo objetivo es subirme al escenario”, dice.

Como clown, su trabajo es como el de un corredor de fondo, del “llanero solitario” pues tiene que  enfrentarse solo al público, de modo que “se canaliza mucha energía, sobre todo si es un espectáculo propio, en el que se cuentan cosas desde una perspectiva personal. Muchas veces me siento solo, pero lo compensa con la energía positiva y la química que se crea al actuar”, relata Gabriel Prada.

El momento más emotivo que le deparó la puesta en escena de su “Quimera” fue en el transcurso de  una función cerca de Vigo. Entre el público había un niño tetrapléjico “y no paraba de gritar, estaba disfrutando muchísimo  de la función y para mí eso fue impresionante, casi me saca de escena, pues estaba llegando a ese niño. Fue algo indescriptible”. Y es que lo más difícil de un clown es conectar con el público. “Es complejo  crear sin palabras y transmitir”, apostilla.

Alguien dijo alguna vez que el clown es la mejor versión de uno mismo.  Para Gabriel Prada, “el clown nace del sentimiento, del corazón. Si hay verdad, es que hay sentimientos “, señala.

Un momento de su quimera

Este actor considera que el teatro,  y cualquier tipo de arte, hace mejor a las personas, aunque estima que cuando las expresiones artísticas se convierten en un producto de mercado, pierden parte de su esencia. “Hoy está pasado, aunque afortunadamente, también la vida está llena de gente maravillosa que mueve el mundo y el teatro”, añade.

Opina que el teatro  debería  estar plenamente integrado en el currículo escolar porque además de aprender conceptos transversales en muchos sentidos, “ayuda a conocer tu propio cuerpo y tu propia esencia como persona. Aprendes donde están tus límites, capacidades, y a empatizar. Ayuda a crecer en valores éticos y morales, que desgraciadamente, hay muy pocos en estos tiempos”.

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Gabriel Prada tomó contacto con el teatro en su juventud, pues ya le gustaba, si bien lo aparcó, permaneciendo sólo como espectador porque tenía muy claro que no quería vivir en una gran ciudad, hasta donde debería trasladarse para estudiar arte dramático. Pasaron los años y se olvidó de su vocación, hasta que un buen día,  un taller de teatro la resucitó, con más fuerza si cabe. Fue el  momento en que se creó la Agrupación de Teatro Gargallada, que presidió durante 7 años, hasta hace aproximadamente tres meses, y de la que sigue formando parte.

Y el clown transformó su vida desde el día en que actuó en O Barco el grupo Familie Floz, compañía de su amigo Paco González.  “Fue el que me animó a mi Quimera, íbamos a hacerlo juntos, pero enfermó y me quedé “huérfano”. La ejecuté  yo. Es un pedagogo extraordinario”.

Pero Gabriel Prada es autor de otras obras como Estación Sombrío,  en la que trabaja la máscara y el clown: “Es un homenaje a Paco González con mi eterno agradecimiento porque el público desconoce de algún modo que es uno de los grandes clowns de Europa y del mundo. Es un gallego universal un gigante. Me ha cambiado la vida”, concluye.Gabriel Prada